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| Carta a Foro de Excelsior |
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| Escrito por Silvia Roche |
| Lunes, 13 de Julio de 2009 09:55 |
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México, D.F. Señor Don FORO DE EXCELSIOR Señor Director: Hago referencia a los muchos artículos publicados en su prestigiado diario a partir de que el Papa Juan Pablo II reconociera que la teoría de la evoluci6n es más que una simple hipótesis. Como cristiana y teilhardiana que soy, me gustaría aportar los siguientes comentarios: En la extensa obra del Padre PIERRE TEILHARD DE CHARDIN. célebre geólogo, paleontólogo, sabio y místico francés, encontramos esa “teoría evolutiva con enfoque espiritualista” recién aprobada por el Vaticano, así como esa síntesis tan necesaria entre Ciencia y Religión.
La evolución, nos dice Teilhard de Chardín, es la expresión visible en el Espacio-Tiempo de una síntesis, una Unión Creadora eterna y continua… de una COSMOGENESIS. ("El Universo gime en dolores de parto" decía San Pablo …ALGO se está gestando, ALGO va a nacer!). Crear no es “sacar cosas de la nada”, ya que “la nada”, entendida como ausencia total de energía, no existe; la energía no nace, ni se hace, ni se destruye… la energía es eterna, sólo se transforma. Crear es unir, sintetizar, hacer de elementos simples algo nuevo y más complejo cada vez más perfecto. En este sentido bien puede decirse que el Universo, la Vida y el Hombre son resultado, no de una evolución creadora, sino de una CREACION EVOLUTIVA e inconclusa que hoy prosigue su curso bajo la forma casi imperceptible de un desarrollo de la conciencia individual, de una síntesis del pensamiento terrestre que nos conduce hacia estados de más interioridad, de más espiritualidad, de más unión entre nosotros. Alrededor de nuestro planeta Tierra, se está formando (y esto es comprobable, nadie lo puede negar) una neo-corteza, una nueva membrana, una red de comunicación y de interrelaciones humanas que culminará en la “amortización” del mundo, en la planetización de la especie de la que Teilhard de Chardin tanto hablaba hace ya más de 70 años. O sea, que la evolución tiene un sentido, no es mero transformismo casual y mecánico originado por el “Big Bang”, sino una corriente en ascenso que nos arrastra hacia la “ultra-conciencia”, que nos lleva al descubrimiento del Cristo-Cósmico, que nos conduce al Punto OMEGA, la cumbre donde todo lo que asciende converge. Creo que la fuente de todas nuestras dificultades para aceptar o comprender cualquier teoría acerca del origen del Universo o de la evolución de la Vida, radica en una visión estática del mundo, y en un concepto dualista que separa el Espíritu de la Materia. No hay tal dicotomía, nos dice Teilhard de Chardin, Espíritu y Materia son dos fases distintas, dos sentidos de la misma Realidad, de la misma energía única y fundamental. El Espíritu es Centro (Energía Radial), la Materia es su esfera o circunferencia (Energía Tangencial). Así como no hay centro sin circunferencia, ni circunferencia sin centro, tampoco puede haber Materia sin Espíritu, ni Espíritu sin Materia. Fuera de DIOS, el CENTRO de los Centros, lo UNO y ABSOLUTO) todo es Materia (lo Múltiple) haciéndose Espíritu, todo es Vida desafiando a la entropía, a la Muerte. De ninguna otra substancia más que de ésta hubiese podido brotar la Vida y surgir un ser razonador y conciente, capaz de pensar, de crear y de amar. La Materia está impregnada (“preñada") desde el origen del Universo hace más o menos 20,000 millones de años, de potencia creadora, amorosa e inteligente, de energía radial, de Espíritu. Las almas no se crean por separado, i se otorgan, ni se agregan a los cuerpos biológicos en un momento dado. En cada partícula de Materia, en cada átomo, molécula o célula, va incluida una chispa divina (un centro, un núcleo de energía radial) que da consistencia, inteligencia y belleza a todo cuanto existe en el Universo entero. (“ En el vivimos, nos movemos y existimos”…). Pierre Teilhard de Chardin hace una observación de suma importancia: en el nivel pre-humano de la Biosfera, donde predomina la energía tangencial, la evolución está determinada por los mecanismos de selección natural y por las leyes del azar y de la necesidad. Sin embargo, a partir del Hommo Sapiens, se abre una nueva dimensión, la Noosfera, y predomina la energía radial. La evolución se lleva a cabo por un empuje interno, ahora está condicionada por el trabajo, el esfuerzo, el libre albedrío y la buena voluntad de los seres humanos. Esto nos confiere una enorme importancia y responsabilidad: en nuestras manos está continuar con la obra del Creador, construir un mundo de justicia, de paz y de amor, unirnos para formar algo más grande que nosotros mismos. La obra de Teilhard de Chardin no se limita a la comprensión de lo biológico o de lo antropológico. Su tesis fundamental es aplicable a la filosofía, a la teología, a la psicología, a la sociología y también a la política. Es en base a su visión de un Cosmos en proceso de evolución que las incógnitas y las dudas de cualquier rama de las ciencias pueden encontrar respuesta. A partir de su modelo de Universo todo lo que es real y verdadero encaja como las piezas de un enorme rompecabezas. Pero, ante todo, Pierre Teilhard de Chardin, por haber vislumbrado las leyes que rigen el movimiento cósmico, puede darse el lujo de elaborar una ontología del devenir. Su mirada está fija en el futuro: un futuro que se construye aquí y ahora, en el momento presente, pero que nos jala y nos sostiene hacia arriba y hacia delante. Y ese futuro está lleno de esperanzas. Pierre Teilhard de Chardin escapa a toda categoría conocida y rebasa cualquier clasificación. Su pensamiento, que parte de un realismo crítico y se caracteriza por un idealismo objetivo, rompe las barreras de las especializaciones y marca el principio de una nueva era: la Era de la Síntesis. Más que filosófica o teológica, su obra es ultrafísica. En su esplendida Cosmovisión, el ser humano halla su lugar en el Universo como eje y motor de la Creación evolutiva, encuentra una mística, una filosofía existencial que le da sentido a su vida y fuerza para seguir adelante. Como un faro en la bruma, el pensamiento de Teilhard de Chardin ilumina el camino hacia el umbral del nuevo milenio y le ofrece al Cristianismo una prolongación natural de su esencia, una oportunidad para crecer y progresar. Ojalá y las autoridades de la Iglesia Católica lo sepa reconocer a tiempo y le den difusión a su magnífica obra. Silvia Roche CENTRO DE ESTUDIOS TEILHARDIANOS |
| Última actualización el Lunes, 13 de Julio de 2009 12:44 |