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Un universo en vías de personalización o la era de la persona(Nota 1) Henri Madelin, S.I. Cuando el Padre Teilhard habla del futuro de la humanidad en sus obras científicas o místicas así como en su correspondencia, no emplea el término de "globalización". Su visión no es ni utilitarista ni quietista en base a renunciación, ni incluso embargada de un pietismo exacerbado. Su visión se centra en una perspectiva cristiana que acompaña la evolución de principio a fin. Desde la materia incoativa hasta la noosfera, el Espíritu empuja hacia delante. Es un propósito de "amorización" que emerge y crece en el seno de la propia materia. Es una recentralización final que se prepara; el famoso "punto omega". La referencia hacia la persona busca lo contrario a una masificación, a una confusión en el anonimato. Teilhard habla de un proceso que conduce a una "personalización" que respeta las especificidades de cada uno. Pero esta aventura puede fracasar si el hombre entra en una especie de congelación interior y deja de sentirse estimulado por motivaciones que lo impulsen a crecer. Son libertades que se enfrentan. El reto es que converjan hacia un fin esperado porque tomarán poco a poco conciencia del fin último: reunir diferencias para lograr un ser más humano. Dos son los datos esenciales que se convirtieron en el eje de su pensamiento: "la Materia, matriz del Espíritu. El Espíritu, estado superior de la Materia" (El corazón de la Materia, 1950, p. 38). La experiencia de la guerra de 1914-1918 fue decisiva para realizar, en el combate y en presencia de un peligro extremo, la experiencia de la libertad y la embriaguez de la fraternidad, eliminando certezas anteriores demasiado fáciles. Frente a los riesgos corridos, se afirma una libertad que conservará siempre la nostalgia de ese enfrentamiento con la muerte en la desnudez y el despojo extremo. 1° La atmósfera del frente "¿No es acaso por haber estado sumergido ahí -por ser impregnado de ello por meses y meses- ahí precisamente en donde esa atmósfera estaba más cargada, más densa, que definitivamente dejé de percibir una ruptura (e incluso toda diferencia) entre «físico» y «moral», entre «natural» y «artificial»? El «millón de hombres», con su temperatura psíquica y su energía interna, llegó a ser para mí una magnitud tan evolutivamente real, y por ello tan biológica, como una gigantesca molécula de proteína. Frecuentemente me he sorprendido después al constatar a mi alrededor, del lado de los contradictores, una completa impotencia para concebir que el individuo humano, por el hecho mismo de que representa una magnitud corpuscular, debe, como toda otra especie de corpúsculos en el Mundo, encontrarse metido en las ligaduras y los agrupamientos físicos de orden superior a él mismo; agrupamientos que él no puede en lo absoluto captar directamente en tanto que tales (precisamente porque son del orden de n + 1), pero cuya existencia y cuyas influencias le son, por múltiples indicios, perfectamente cognoscibles. Este don o facultad, todavía relativamente raro, de percibir, sin verlas, la realidad y la organicidad de las magnitudes colectivas, es el que me ha hecho tomar conciencia de ello, indudablemente, lo repito, en la experiencia de la guerra, y ha desarrollado en mí una especie de sentido adicional." (CM pp. 33-34) 2° Una última envoltura "No solamente no experimentaba ninguna dificultad en asir, en cierta manera intuitivamente, la unidad orgánica de la membrana viviente extendida como una película sobre la superficie iluminada del astro que nos lleva, sino que, además, al individualizarse y al liberarse poco a poco, como un aura luminosa, alrededor de esa capa protoplásmica sensible, una última envoltura comenzaba a aparecer -envoltura no solamente consciente, sino pensante-, en la que no cesaría en adelante de concentrarse, ante mi mirada, con un brillo y una consistencia crecientes, la esencia, mejor dicho, el Alma misma de la Tierra." (CM p. 35) 3° Lo Femenino "materia matrix" 4° Una estructura "concéntrica" de la realidad 2. El posible fracaso de la humanidad Esta personalización del mundo, esta unidad de base de diferenciación puede fracasar si se deja llevar por el egoísmo, si el individualismo prevalece sobre el respeto a las diferencias, si la política o la economía hacen un llamado al hombre hacia instintos y motivaciones que no están a la altura de las circunstancias actuales. Se entiende que el fracaso de la personalización del hombre es posible cuando Teilhard, preocupado como otros por la crisis económica de 1929, publica en 1930 en la Revue des Question Sdentifiques de Lovaina, un artículo titulado: "El fenómeno humano" (noviembre de 1930, en La visión del pasado). Preocupado por la situación mundial, Teilhard plantea dudas acerca de los tiempos de la crisis mundial de 1929. "La vida, ¿es camino o un callejón sin salida? Tal es el problema, apenas formulado hace unos siglos y que aflora hoya los labios de la masa de la Humanidad. La Humanidad, tras una crisis, violenta y corta, en la que ha adquirido conciencia simultáneamente de sus fuerzas creadoras y de sus facultades críticas, se ha hecho legítimamente difícil, y no habrá aguijón alguno, tomado de entre los instintos y las necesidades económicas ciegas, que sirva para nada. Sólo una razón, una razón verdadera y muy importante para amar con pasión la vida, podrá decidida a avanzar más. Pero, en el plano experimental, ¿dónde podrá hallarse el esbozo (si no la plenitud) de una justificación de la Vida? Al parecer, en ninguna parte, si no es en la consideración del valor intrínseco del Fenómeno Humano. Sígase considerando al Hombre como un añadido accidental o como un juguete en el seno de las cosas: y se le verá arrastrado al disgusto o a la rebelión que, generalizados, marcarán el fracaso rotundo de la Vida sobre la Tierra. Reconózcase, en cambio, que en el campo de nuestra experiencia, el Hombre, por ser el frente que avanza de una parte de las dos ondas más importantes en que se divide para nosotros lo Real tangible, tiene entre sus manos la suerte del Universo: y entonces le haréis dirigir la mirada hacia un sol naciente inmenso. El hombre tiene derecho a inquietarse por sí mismo, mientras se sienta perdido, aislado, en la masa de las cosas. Pero ha de avanzar alegremente hacia delante tan pronto como descubra su suerte ligada a la propia suerte de la Naturaleza. Porque poner en duda el valor y las esperanzas del Mundo será, no virtud crítica, sino enfermedad espiritual." ("El Fenómeno humano" en La visión del pasado, pp. 213-214) Religioso jesuita, el Padre Teilhard de Chardin es al mismo tiempo un hombre de ciencia. Su fe y su concepción del mundo caminan siempre al parejo. Él lo afirmará en 1942, en "Ser más": "Colocar hoy a Dios en discordancia con el Progreso humano equivale a minar las razones de creer en los creyentes, y a cerrar a los increyentes el acceso a la fe" (citado en Ser más, p. 182; tomado de "Nota sobre la noción de perfección cristiana" 1942, Las direcciones del porvenir, p. 94). Y sin embargo, el Padre Teilhard no ignora el rechazo de Dios y el posible fracaso de una evolución humana que se ha hecho consciente de ella misma. En 1930, como invadido de un inmenso vértigo, el sabio cristiano es preso de la duda, como acabamos de leerlo. Se pregunta si la humanidad, como el caballo en competencia frente a un obstáculo inquietante, no rehusará saltar dicho obstáculo para refugiarse en el torbellino de sus miedos ancestrales. Ya que el problema no es solamente la desregularización económica (la crisis de 1929) sino, más profundamente, la conjunción, en el seno de la nueva humanidad, de "su potencia creativa y sus facultades críticas". El espectro del nihilismo atormenta los espíritus. Aún más que ayer, la humanidad se ha vuelto hoy "legítimamente difícil". Una inmensa pregunta crece en los corazones y surge de los labios de la masa humana: la vida ¿es un camino o un callejón sin salida? Sólo un amor apasionado por la vida puede decidir al hombre por "avanzar más lejos" en el tiempo y el espacio. Por lo tanto, no se trata de seguir dándole vueltas indefinidamente al pasado del hombre sino, más bien, de hacerlo "dirigir la mirada hacia un sol naciente inmenso". El punto terminal, el punto Omega, equivale para este sabio cristiano, a lo que cantan los Padres de la Iglesia cuando hablan de la última divinización del hombre por y en Cristo. Pierre Teilhard está consciente de que muchos no verán más que un sueño en ese futuro magnificado. Pero de manera adelantada, previno la objeción al escribir: "Admitamos que se trata efectivamente de un sueño; nos complace seguido hasta el final y ver cómo la inmensidad y la profundidad del Mundo se armonizan mejor en nuestro sueño que en la estrecha realidad en la que se nos querría retener". 3. La era de la persona "Bajo la influencia de egoísmos solitarios", el universo está expuesto al riesgo de la desagregación y se debe tomar en serio el posible desánimo del espíritu humano. El Padre Teilhard cree en este riesgo de decaimiento de la aventura humana por la falta de motivaciones y abdicación de libertades. Pero también sabe que el hombre está obligado a escoger. Cree, por lo tanto, que su libertad optará por la supervivencia de la humanidad, el aumento del sentido y la solidaridad entre los hombres, más conscientes que nunca de sus responsabilidades. 1° Unión y diferenciación "Ha llegado el momento de reaccionar contra un prejuicio hondamente arraigado en nuestros espíritus: el que nos inclina a oponer entre sí, como contradictorios, pluralidad y unidad, elemento y todo, individualidad y colectividad. Razonamos constantemente como si los términos de cada una de esas parejas variaran en razón inversa el uno con respecto del otro, perdiendo ipso facto el uno lo que gana el otro. De ahí la idea tan extendida de que, bajo todas sus formas, un destino de tipo «monista» exigiría el sacrificio y prepararía la ruina de los valores personales del Universo. En el origen de este prejuicio, sobre todo imaginativo, hay que estudiar sin duda la desagradable impresión de pérdida y de violencia que experimenta nuestro individuo cuando se halla apresado en un grupo, o perdido entre una masa. Es exacto que la aglomeración ahoga y neutraliza los elementos que engloba. Mas, ¿por qué buscar un modelo de colectividad en lo que no es más que un conglomerado, un «montón»? Junto, o más exacto, opuestamente a estas agrupaciones masivas, inorgánicas, en las que los elementos se confunden y se ahogan, la naturaleza se revela plena de asociaciones construidas, regidas orgánicamente por una ley precisamente inversa. En el caso de semejante unidades (¡las únicas unidades verdaderas y naturales!), el acercamiento de los elementos no tiende a anular las diferencias. Por el contrario, las exalta. En todos los campos experimentales, la unión verdadera (es decir, la síntesis) no confunde: diferencia. He aquí lo que es esencial para comprender en el momento de decidirse por la Gran Opción." ("La gran opción" en El porvenir del Hombre, pp. 70-71) Como lo escribe el Padre Teilhard en El Fenómeno Humano (p. 40), convergencia no significa confusión. "Tal como sucede con los meridianos a medida que se acercan al polo, la Ciencia, la Filosofía y la Religión convergen necesariamente al aproximarse al Todo. Convergen, digo bien, aunque sin confundirse y sin cesar, hasta el fin, de asediar lo Real desde ángulos y en planos diferentes." 2° Reajuste de la filosofía Si tal ha sido la elección histórica de los individuos sucesivos, se puede pensar que "la Gran Opción", aquélla que se decide por un universo de convergencia, va a convertirse, tarde o temprano, en la opción común de la masa humana. Eso va a reorientar necesariamente las líneas de realidad a nuestro alrededor, ya que "filosofar, según Teilhard, es organizar las líneas de realidad a nuestro alrededor". Asistiremos entonces a una evolución del espacio en el cuál se constituyen las ideas. "Al estudiar el desarrollo del pensamiento a través de las edades, los historiadores de la filosofía se atienen, preferentemente, al nacimiento y a la evolución de las ideas, de las proposiciones, de los sistemas construidos. Ahora bien, estas cantidades formulables no son el todo, ni acaso tampoco lo más importante, de la vida del espíritu. Una geometría está hecha de puntos, de líneas, de figuras. Pero depende también, en lo más íntimo de su ser, del tipo de espacio (número de dimensiones, curvatura) en el que opera el geómetra. Con arreglo a las naturalezas de este espacio, las propiedades cambian o se generalizan, resultan posibles algunas transformaciones, así como determinados movimientos. En sí mismo, un espacio es algo que desborda toda fórmula. Y sin embargo, todo un mundo expresable se traduce y se desarrolla en función de esta inexpresabilidad. Pues bien, lo que es verdad y aparece claramente en el campo abstracto de la geometría vuelve a hallarse, y ha de ser considerado con el mismo esmero cuando se trata de esta sistematización general de los fenómenos que se denomina filosofía. Filosofar es organizar las líneas de realidad en torno a nosotros. Así, lo que parece en primer lugar una filosofía, es un conjunto coherente de relaciones armonizadas. Pero si nos fijamos bien, este conjunto particular no se establece nunca si no es para un Universo concebido intuitivamente como dotado de ciertas propiedades determinadas, las cuales no constituyen un objeto especial, sino una condición general de conocimiento. Si cambiaran estas propiedades, entonces toda la filosofía, sin romperse por ello, pondría en juego y reajustaría sus articulaciones; como un dibujo trazado sobre una superficie maleable, que cambia cuando se modifica su curvatura. En realidad, el pasado de la inteligencia se halla henchido de estas «mutaciones» más o menos bruscas, que revelan, en más de un movimiento de ideas humanas, una evolución del «espacio» en el que se constituyen las ideas, lo cual es, evidentemente, mucho más sugerente y profundo." ("La Gran Opción" en El porvenir del Hombre, pp. 76-77). En una carta con fecha de 1917, el Padre Teilhard escribía: "Yo creo que mi vocación nunca me ha parecido más examinada ni más clara: personalizar el mundo de Dios" (en Henri de Lubac, La pensée religieuse du Pere Pierre Teilhard de Chardin, Aubier 1962, p. 204). Comentando una obra de su amigo de días difíciles, el Padre de Lubac escribe: «Ante los ojos del Padre Teilhard de Chardin, está asegurada una doble victoria. La primera es la victoria del Espíritu sobre la Materia. El Espíritu nació en el Mundo con el Hombre, y no perecerá: "Sean cuales sean las apariencias inestables de la Vida -sean cuales sean sus relaciones impresionantes con los espacios que limitan y con las fuerzas que descomponen-, hay una cosa más segura que las demás (porque es tan segura como el Mundo): el Espíritu llegará siempre, como lo ha hecho hasta aquí, a burlar los determinismos y el azar. Representa la porción indestructible del Universo". ("El Espíritu de la Tierra", 1931, en La Energía humana, pp. 44-45)». "La marea descendente de la entropía revestida y equilibrada por la marea ascendente de una Noogénesis" ("Acerca de las posibles bases de un credo humano común", 1941, en El porvenir del Hombre, p. 98). La evolución es irreversible. "La temperatura de la Noosfera asciende constantemente"; dicho de otra manera, se produce "una intensificación de conciencia". El Universo se personaliza. Todo asciende hacia una "cumbre definitiva"; hay un "aumento irreversible en lo Personal". Ahora bien, sumándose a esta primera victoria, de la que es la condición, se asegura una segunda: la victoria de Cristo resucitado, cuyo "Pleroma" será un día consumado; y la seguridad que recibimos de nuestra Fe, aunque dejando "subsistir en el creyente, en su nivel, todos los anhelos de la condición humana" ("Las direcciones y las condiciones del porvenir", 1948, en El Porvenir del Hombre, p. 292), fortalece y garantiza nuestra seguridad acerca de la victoria del Espíritu. Por lo tanto, "para un cristiano, todo el éxito biológico último del Hombre sobre la Tierra no es sólo una probabilidad, sino una certeza" (Íd., p. 291) (NOTA 1) Conferencia presentada en el Homenaje a Teilhard de Chardín, S.I., en la Universidad Iberoamericana, Campus León, el 4 de abril de 2005, León Guanajuato. |