mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy182
mod_vvisit_counterAyer150
mod_vvisit_counterEsta semana465
mod_vvisit_counterSemana pasada1180
mod_vvisit_counterEste mes1390
mod_vvisit_counterMes pasado5276
mod_vvisit_counterTodos los días97673

We have: 1 guests, 1 bots online
Tu dirección Ip: 38.107.179.210
 , 
Fecha actual: Feb 08, 2012
Tenemos 2 invitados conectado(s)
Inicio
PDF Imprimir E-mail

INTRODUCCIÓN

Guillermo Alcalá Rivero


Teilhard de Chardin es una de las figuras más señeras del pensamiento humano en el siglo 20. Su personalidad es multifacética por lo que es susceptible de ser estudiada desde perspectivas que se podrían considerar inclusive antagónicas.

Nosotros estamos interesados en Teilhard de Chardin desde el punto de vista científico. Nos interesan, y estamos dispuestos a profundizar en ellas, sus proyecciones científicas, incomprensibles para la mayoría de sus contemporáneos. Satanizado y rechazado en todas sus Persona: la religiosa, la filosófica y la científica, Teilhard se mantuvo fiel a sus principios, mostrando una gran entereza ante los ataques de adversarios que nunca entendieron la profundidad de su pensamiento. Porque inclusive, exiliado, fue capaz de proseguir con su inclinación científica y aportar, por ejemplo a la antropología su valioso trabajo sobre el Hombre de Pekín, amén de muchas otras aportaciones a otras disciplinas.

Actualmente se está viendo su resurgimiento y la reivindicación de muchos de sus postulados e ideas. Es así que ciencias emergentes como el Caos, La Complejidad, La Sincronía, La Información cuántica y todas las demás ciencias que de ellas se deriven, en su momento fueron anticipadas en lo que él llamó sus “memorias científicas” en su poco comprendido libro El fenómeno humano. Es así que muchos de los apotegmas científicos en boga encuentran sus antecedentes diseminados a lo largo de la obra de Teilhard de Chardin, como ejemplo:

El cambio traído en nuestra experiencia, por lo que pronto llamaremos espacio-tiempo, consiste esencialmente en esto: todo lo que nosotros hemos considerado y tratado hasta este momento como puntos en nuestras construcciones cosmológicas se ha convertido en lapsos momentáneos de fibras temporales indefinidas. Desde este momento ante nuestra vista maravillada cada elemento de las cosas se prolonga asimismo hacia atrás (y tiende a continuar hacia delante) hasta donde se puede apreciar. Así que la inmensa totalidad del espacio no es más que la sección “en un tiempo t” de un tronco cuyas raíces penetran en el abismo de un pasado inimaginable y cuyas ramas surgen en algún punto en el futuro que, a primera vista parece carecer de límites. Desde esta nueva perspectiva, el mundo aparece como una masa en proceso de transformación.

Cuando Teilhard afirma esto se esta refiriendo a la evolución, la cual se enmarca en la teoría de la Relatividad de Einstein. En este enunciado se remite todo a un inicio cósmico, a un Big Bang.

Cuanto más fisuramos y pulverizamos artificialmente la materia, tanto más deja ver ante nosotros su fundamental unidad (55)... como si la trama se resolviera en una simple y única forma de sustancia.

Este párrafo claramente anticipa las grandes teorías unificadas, como las supercuerdas, supersimetría o la gravedad cuántica.

Simplemente adicionados o yuxtapuestos los átomos no constituyen la materia. Los engloba y los cementa una entidad con la que choca nuestro espíritu, pero a la que finalmente se ve forzado a ceder… Considerada en su nivel más bajo, la materia original es algo más que ese hormigueo de partículas tan maravillosamente analizado por la física moderna.

Esta entidad, a la que se refiere Teilhard, no es otra cosa que la Información, entendida como los mensajes de los principios y leyes de la naturaleza, que engloban y cementan la materia.

Dentro de órdenes de magnitud (de complejidad) diversos, la materia nunca se repite en sus combinaciones... Tejida en una sola pieza, siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite, la trama del universo corresponde a un solo modelo: constituye estructuralmente un Todo.

Claramente se aprecian en este postulado los principios del caos y la complejidad.

A su manera, la materia obedece desde el origen a la gran ley biológica de la complejidad y la conciencia… La complejidad de la conciencia es directamente proporcional al orden de la estructura que la contiene.

Ésta es la ley fundamental que aunada a la Segunda ley de la Termodinámica, desde el inicio del universo, controlan su evolución. Porque "todo lo que se arma se desarma".

Los astros (estrellas y planetas) son los laboratorios en donde se prosigue la evolución de la materia, en la dirección de las grandes moléculas. Esto sustenta los principios de la cosmología moderna.

La aparente restricción del fenómeno de la conciencia a las formas superiores de vida ha servido, durante mucho tiempo, de pretexto a la ciencia para eliminarla de sus construcciones del universo. Con el objeto de desembarazarse de ella se ha clasificado de rara excepción, función aberrante, ilusión, epifenómeno.

Una anomalía natural no es más que la exageración, hasta hacerse sensible, de una propiedad que está extendida por todas partes en un estado de inaccesibilidad.

La conciencia aparece con evidencia en el hombre (en los animales superiores) y por lo tanto debe tener prolongaciones espaciales y temporales indefinidas. (Hacia el pasado y hacia el futuro.)

El universo se inicia con energía radial, noética, de la cual se deriva la energía-materia, con la que se continúa una interacción que cada vez demanda leyes más complejas que operan sobre matrices físicas de creciente complejidad.

La energía material y la energía “radial”, (noética), se sostienen y se prolongan una a otra por medio de algo que debe estar actuando en el universo, una energía única. Este enunciado se refiere otra vez a la Energía-Información.

¿Cómo incorporar el pensamiento al flujo orgánico del espacio-tiempo sin sentirnos forzados a reconocerle un primer lugar en el proceso? ¿Cómo imaginar una cosmogénesis extendida a la conciencia sin que podamos evitar hallarnos de golpe frente a la Noogénesis?

El pensamiento no es parte de la evolución como una anomalía o un epifenómeno, sino que en la evolución, la marcha hacia el pensamiento es reducible e identificable y el movimiento mismo de nuestra conciencia puede expresar y medir sus progresos en la evolución. Según Julian Huxley: “El hombre descubre que su propia conciencia no es otra cosa que la evolución conciente de si misma.”

La síntesis hace que nos demos cuenta de que en la molécula existe decididamente algo más que en el átomo; en la célula más que en la molécula; en lo social, más que en lo individual; en la construcción matemática más que en los cálculos y los teoremas...Algo verdaderamente irreducible a los elementos aislados emerge en cada grado ulterior de combinación hacia un orden nuevo, y esto tendemos a admitirlo; por este camino, la conciencia, la vida y el pensamiento están, en la actualidad, muy cerca de adquirir su derecho de existencia científica.

Este algo más es la Información, los mensajes de las leyes de la naturaleza, enlaces de los sistemas que se sintetizan como condición indispensable para evolucionar. Un lugar común equivocado es aquel que afirma: el todo es más que la suma de las partes. Esta paradoja se debe a que no se incluye la Información-energía que forma los enlaces entre los elementos de todo sistema.

Ninguna noción nos es tan familiar como la de energía espiritual (1). Y, sin embargo, ninguna nos resulta científicamente tan oscura como ella. Los físicos actualmente hablan de una “energía oscura”, la cual, para nosotros, no es otra que la energía radial, espiritual o psíquica de Teilhard.

Gracias al conocimiento de las hormonas ¿no estamos ya en vísperas de meter mano en el desarrollo de nuestro propio cuerpo, o incluso en el mismo cerebro? Gracias al descubrimiento de los genes ¿no vamos pronto a controlar el mecanismo mismo de las herencias orgánicas? Y gracias a la síntesis inminente de los albuminoides ¿no vamos a ser capaces algún día de provocar aquello que la Tierra, abandonada hoy a sí misma, no parece ya capaz de realizar: una nueva oleada de organismos, una neovida construida artificialmente?

Nos parece muy válida esta afirmación. Pero tenemos que ser muy cuidadosos, pues si la complejidad es la meta de la evolución, cada especie que se elimine limita las posibilidades del futuro.

Esta es una crítica acerba a la ciencia deshumanizada, utilitaria, hedonista y provocadora de la sobre explotación que padece el planeta.

Teilhard de Chardin, también fue un excelente ejemplo de teólogo, científico y místico que propuso una cosmovisión de gran profundidad Bioética sin proponerse el uso de este término (Cely, 1994). El mérito de Teilhard estriba en que fue consciente de los lazos indisolubles que existen entre nuestra existencia y la existencia del Universo. El problema del sentido de la vida personal no puede ser disociado del sentido de la historia evolutiva y la historia del cosmos. De esta forma la relación del hombre con la naturaleza y con el universo toma una dimensión trascendental en la historia evolutiva del hombre.
(1) Teilhard no es consistente en esta terminología. En algunos casos usa el término radial, en otros utiliza psíquico y aún espiritual, como una tercera opción.
[al texto]